La pintura es para mí  una especie de llamado espiritual que me  lleva a un viaje infinito de  pensamientos y sentimientos a veces  dramáticos  que se encuentran alojados en mi ser. 

Es en este viaje  cuando descubro que pintar me provoca  a veces estados de felicidad y otras de desesperación,  pero no puedo dejar de hacerlo.

A partir de mis propias experiencias de vida  nace esta imperiosa necesidad de comunicarme con los demás y transformo la  pintura en mi libro de vida  escrito por gruesas brochas y pinceles.